viernes, junio 28



"Por lo general la muerte de un gato significa poco para la mayoría de los hombres, mucho para unos pocos, pero para mí, tratándose de ese gato, era exacta y sinceramente, y no miento, como la muerte de  mi hermano menor. Quería a Tyke con toda mi alma, era mi bebé, cuando era cachorro dormía en la palma de mi mano con la cabecita colgando, o ronroneando, durante horas, mientras lo sostenía así, caminando o sentado. Era como una pulsera de piel enrrollada en mi muñeca, yo lo enroscaba en mi muñeca o lo dejaba colgando y él ronroneaba y ronroneaba y aún después, cuando creció, podía sostener a ese gato grande en ambas manos con los brazos estirados sobre la cabeza y él ronroneaba, confiaba ciegamente en mí. Y cuando abandoné Nueva York para retirarme a los bosques lo besé con mucho cariño y le pedí que me esperara. Pero mi madre contaba en la carta que había muerto “LA NOCHE DESPUÉS DE QUE YO ME FUERA”"

No hay comentarios: