"Por lo general la muerte de un gato significa poco para la
mayoría de los hombres, mucho para unos pocos, pero para mí, tratándose de ese
gato, era exacta y sinceramente, y no miento, como la muerte de mi hermano menor. Quería a Tyke con toda mi
alma, era mi bebé, cuando era cachorro dormía en la palma de mi mano con la
cabecita colgando, o ronroneando, durante horas, mientras lo sostenía así,
caminando o sentado. Era como una pulsera de piel enrrollada en mi muñeca, yo
lo enroscaba en mi muñeca o lo dejaba colgando y él ronroneaba y ronroneaba y
aún después, cuando creció, podía sostener a ese gato grande en ambas manos con
los brazos estirados sobre la cabeza y él ronroneaba, confiaba ciegamente en
mí. Y cuando abandoné Nueva York para retirarme a los bosques lo besé con mucho
cariño y le pedí que me esperara. Pero mi madre contaba en la carta que había
muerto “LA NOCHE DESPUÉS DE QUE YO ME FUERA”"
viernes, junio 28
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