la verdad es que me arriegsaría, no tendría más remedio que volver a entregarme a ese gato tremendo que es ahora el gato que adopté una vez hace cuatro años, que estaba en una jaula pequeña en el patio de una veterinaria a dos cuadras de donde yo vivía, esperándome, maullándome y mirándome y existiendo justo ahí en ese minuto en el que yo pasaba por esa calle con mi hermana menor y le dije a ella que teníamos que llevarnos a ese gato a la casa y así lo hice porque sabía que él estaba esperándome, que solo yo podía recogerlo y amarlo y que juntos viviríamos la historia fatal del desamor y no había opción de que así no fuera. dormí con él y le enseñé todo lo que sabía y él estuvo siempre conmigo en los momentos tristes y conoció a mis amigos y más de alguna vez me desperté y él estaba sentado en la almohada mirándome o cuidándome o quién sabe qué. ambos nos demostrábamos un cariño sin límites. comimos helados y lo vi crecer hasta hacerse salvaje y tener celos y pelear con el gato de la esquina y traerme ratones y pájaros y pasar días fuera de casa y siempre volver a mí.
entonces ahora que me fui de la casa de mi madre y lo dejé ahí sabiendo que no podía traerlo y que allí lo perdería cada día más, pensando en una comodidad absurda y erronea, llevándole comida semanalmente como si con eso me reivindicara de haberlo abandonado, como si eso fuera suficiente para demostrar que aún me preocupaba por él. no era suficiente y yo lo sabía y lo peor era que él también lo supo siempre y ahora me mira con desconfianza y la semana pasada incluso me arañó la cara y me salió sangre y me dio una pena enorme, tan grande que hasta ahora que lo escribo me pongo a llorar.

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