No, la verdad es que nunca me gustaron especialmente los aviones. Me gustaban los trenes y las bicicletas y los caracoles y ahora me sigue gustando exactamente lo mismo.
tuve que desarrollar un amor por el desorden y el desconcierto, ver la realidad como un vasto enigma para ser abordado con alegría, no con temor sino con una fascinación inagotable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario