miércoles, noviembre 25
Quise llorar, y pensé en ir a la botillería a comprarme una cerveza, para emborracharme un poco y que me fuese más fácil llorar, pero en realidad no necesitaba una cerveza, solo recordar al León, mientras escribía en la pieza de baldosas y miraba sus patitas sucias marcadas en la pared, cuando se subía a las ventanas, paredes que nunca hemos querido pintar encima, por él, por él, y por él, que habitó cada parte de este departamento y que ahora nunca mencionamos con nadie, ni siquiera entre nosotras, el León siempre aquí y a la vez nunca más aquí, como ese elefante en la habitación del que nadie habla, he cumplido al pie de la letra mis promesas, algunas, al menos, las he cumplido.
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