jueves, abril 14

Tú eres una parte de mi propia vida, parte de mí mismo. Has estado en cada una de las líneas que he leído, desde que vine aquí por vez primera, cuando era un muchacho ordinario y rudo, cuyo pobre corazón heriste desde entonces. Has estado en todas las esperanzas que desde entonces he tenido – en el río, en las velas de los barcos, en los marjales, en las nubes, en la luz, en la oscuridad, en el viento, en los bosques, en el mar, en las calles. Has sido tú la imagen de toda graciosa fantasía que en mi mente ha podido forjarse. Las piedras de las que están construidas los más grandes edificios de Londres no son más reales, ni es más imposible que tus manos las quiten de su sitio, que el separar de mí tu influencia antes, ahora y siempre. Hasta la última hora de mi vida, Estella, no tienes más remedio que seguir siendo parte de mí mismo, parte del bien que exista en mí, así como también parte de lo malo que haya dentro mío.

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