martes, abril 20

Caminamos juntos, cada uno abstraído en sus pensamientos. Olvidé donde estábamos e incluso qué hora era. Tú te acercaste, me acariciaste el pelo y me cogiste la mano; sé que me cogías la mano y que me hablabas en voz baja. De pronto tuve la sensación de que era perfecto, que no se podía añadir nada a aquella felicidad o satisfacción. Era todo lo que había y todo lo que podía haber. Lo mejor de todo se había condensado en ese instante y no podía ser otra cosa que amor.

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